sábado, 27 de octubre de 2012

El beso . Laura Victoria

El beso

Cállate, nada digas.
No quiero que disipes
este blando misterio...
Deja que en el hondor
de los minutos,
se asfixien las palabras
y arda sólo el deseo.

Bésame así, despacio.
Qué profundos tus ojos,
dos silencios
tocados con un velo de caricia
tiñendo la blancura de mi carne
con el oro rosado del incendio.
¡Qué flexible tu boca!
Tiene a veces
palpitación de ruego,
o es tan cálida y suave,
como una fruta bajo el sol madura
o como el pálido rubor de un seno.

Bésame así.....despacio.
Que tu lengua como una llama viva
alimente mis sueños,
y después en mi lánguido abandono,
sea una brisa limpia
brillando en los jazmines de mi lecho.

¿Y dices que es un tósigo en mis noches
de soledad ansiosa tu recuerdo?
Pero no, que el veneno me lo diste
entre los opios tibios de tu aliento.

Así...despacio.
Que mi cuerpo todo
para tus labios sea
tibio estremecimiento,
y que tu vida
baje hasta mi vida
bajo la muda encarnación
de un beso.

La tentación

Alguien dijo:

- Logro resistirlo todo, salvo la tentación.
- Huye de la tentación, pero despacio, para que te pueda alcanzar.
- La mejor manera de librarse de la tentación es caer en ella.
- El deseo muere automáticamente cuando se logra: fenece al satisfacerse. El amor en cambio, es un eterno insatisfecho.
- Nada más terrible que una tentación para el quee no sabe caer en ella.
- Nunca me resisto a la tentación, porque he descubirto que lo que es malo para mí no me tienta.
- Tiene cuerpo de tentación  y cara de arrepentimiento.
- Pensar en la tentación es estar a punto de caer en ella.

miércoles, 3 de octubre de 2012

¿A qué huele el mar?

¿A qué huele el mar?

El mar huele a nostalgia.

A esos muertos que nunca llegaron.

A esos muertos que se suicidaron.

A esos muertos que mataron.

¿A qué huele el mar?

El mar huele a inmundicia.

A la inmundicia de las fábricas.

A la inmundicia de las casas.

A la inmundicia de los barcos.

¿A qué huele el mar?

El mar huele a vida.

A esa vida maravillosa bajo el azul.

A esa vida ahogada por la basura.

¿A qué huele el mar?

El mar huele a belleza.

A esa belleza que lucha por vivir.

Que vive y se mantiene bella

a pesar de los muertos y la inmundicia.

El mar huele a una belleza finita.

¿A qué huele el mar?

El mar huele a libertad.

A esa libertad que da la inmensidad.

A esa libertad que da la tierra soñada y nunca alcanzada.

Pero ¿a qué huele el mar?

El mar huele a mar...

Dinosaurio enano con colmillos de vampiro

Un paleontólogo estadounidense ha identificado una nueva especie de dinosaurio enano, que pese a tener dos colmillos afilados se nutría sólo de plantas, según un estudio publicado este miércoles en la página web ZooKeys de la National Geographic Society.

La especie, bautizada Pegomastax africanus y de la que sólo existe un espécimen hallado en Sudáfrica en la década de 1960, fue descubierta en una colección de fósiles de la Universidad de Harvard por el paleontólogo y profesor de la universidad de Chicago Paul Sereno, mientras hacía un estudio completo sobre los heterodontosaurios.

El nuevo dinosaurio, un heterodontosaurio herbívoro que vivió hace unos 200 millones de años, tenía un pico corto parecido al de un loro y dos puntiagudos colmillos frontales además de dientes posteriores tanto en la mandíbula superior como la inferior, utilizadas para despedazar las plantas.

En su estudio, Sereno admite que es «muy raro» que un herbívoro como el Pegomastax tuviera unos caninos tan afilados como los de un vampiro, aunque la razón podía ser defenderse y competir con sus rivales a la hora del apareamiento.

De haber vivido hoy, este dinosaurio que no llegaba a la altura del tobillo «sería una buena mascota si se le pudiera entrenar a no morder», bromeó Sereno.

Unas púas como las de los puerco espines probablemente recubrían el cuerpo del dinosaurio, que medía menos de 60 centímetros de largo y pesaba menos que un gato.

Estas púas ya han sido observadas en otro heterodontosaurio, el Tianyulong, descubierto recientemente en China y que también es descrito en el estudio.

Fuente: La Voz de Galicia